MONOGRAFÍA Nº 4
EL TEMPLO SECRETO DEL CERRO DE CHAPULTEPEC
Chapultepec
viene de dos raíces aztecas "Chapul" y "Tepec".
"Chapul" o chapulín significa grillo; "Tepec", cerro;
puede, pues, definirse este nombre azteca como "cerro del grillo".
En la antigua Roma de los césares los grillos se
vendían en jaulas de oro a muy alto precio. En el museo de Antropología e
Historia de la ciudad de México se halla un cuadro muy interesante relacionado
con las enseñanzas que se impartían a los nobles y sacerdotes aztecas en sus
templos secretos.
En este cuadro vemos a dos seres flotando sobre el
cerro de Chapultepec; en la cúspide del cerro aparece un grillo en actitud de
estar cantando; a un lado del paisaje aparece flotando un rostro humano de cuya
boca salen dos ondas de luz que simbolizan al canto del grillo o que las dos
personas, en actitud de flotar sobre la falda del cerro, deben producir el
agudo y monótono sonido del grillo para poder entrar al templo.
El canto del grillo es la voz sutil que Apolonio de
Tiana utilizaba para poder salir en cuerpo astral. Este es el silbo dulce y
apacible que escuchó Elías cuando salió de la cueva en el desierto. (Véase I-Reyes 19, 12).
El ser humano es un trío de cuerpo, alma y espíritu.
Entre el cuerpo y el espíritu existe un mediador, ese mediador es el cuerpo del
alma, el cuerpo astral. El alma se tiene, el espíritu se es. El cuerpo astral
tiene algo de humano y algo de divino y está dotado de maravillosos sentidos
con los cuales podemos investigar los grandes misterios de la vida y de la
muerte. Dentro del cuerpo astral está la mente, la voluntad y la conciencia. En
el cerro de Chapultepec existe un templo en estado de Jinas, es decir, dentro
de la cuarta dimensión. A este templo se puede concurrir en cuerpo astral. El
jefe del templo de Chapultepec es el Venerable Maestro Rasmussen. Este templo
está custodiado por celosos guardianes con espada desnuda.
Durante las horas del sueño ordinario, todos los seres
actuamos y viajamos en cuerpo astral, pero no todos recordamos al despertar lo
que vimos, oímos o hicimos en este cuerpo. Por las mañanas, al despertar de sus
sueños, debe usted esforzarse por recordar lo que soñó. Sus sueños no son más
que experiencias en el mundo astral. Anótelas cuidadosamente en una libreta.
Cuando haga sus prácticas, concéntrese en el agudo
canto del grillo. El canto debe salir por entre sus celdillas cerebrales. Si la
práctica es correcta, pronto estará usted en la transición que existe entre la
vigilia y el sueño. Adormézcase más y aumente la resonancia del canto del
grillo por medio de su voluntad. Entonces, levántese de su lecho y con entera
confianza salga de su cuarto rumbo al templo de Chapultepec, o a donde quiera.
Trate de no perder la lucidez de su conciencia.
No se levante mentalmente de su cama, levántese
realmente. La naturaleza se encargará de separar a sus cuerpos físico y astral.
El físico quedará durmiendo en su lecho y el astral libre para que usted vaya
donde quiera.
Los aztecas usaban el peyote para enseñar a los
neófitos a salir en cuerpo astral. No recomendamos el uso de esta planta
maravillosa que hace que se separe el cuerpo astral del físico y que quién la
toma conserve la lucidez de su conciencia mientras actúa en astral.
Recomendamos, sí, práctica, mucha práctica, y pronto usted actuará y viajará en
cuerpo astral.
Práctica
Sin dejar de hacer el ejercicio entregado en el
capítulo anterior, acostado en su lecho, adormézcase vocalizando mentalmente la
sílaba La; el tono de ésta sílaba corresponde al "fa" natural de la
escala musical. Alargue esta sílaba así:
Laaaaaaaaaa
Inmediatamente después vocalice la sílaba RA
Raaaaaaaaaa.
BREVE HISTORIA DEL GNÓSTICO
El
apóstol Pedro llevó la Gnosis a Roma. Pablo la difundió entre los gentiles.
Todos los cristianos primitivos fueron Gnósticos. San Marcos enseñó como llevar
las corrientes seminales al cerebro. Pedro sabía poner su cuerpo físico en
estado de "Jinas" y en ese estado se transportaba de un lado a otro.
En España Carpócrates fundó varios conventos en los cuales
secretamente enseñó Gnosticismo, Irineo, Tertuliano, San Ambrosio, San Agustín,
Hipólito, Epifanio, Clemente de Alejandría y muchos otros místicos fueron
Gnósticos.
