MONOGRAFÍA Nº 12
LA LEY DEL KARMA
LA LEY DEL KARMA
Mientras haya una lágrima que enjugar, los adeptos que
han alcanzado la maestría renuncian a la dicha inefable del Absoluto que
ganaron y retornan a la Tierra a servir, a consolar, a ayudar. Muchos de ellos, como el Divino
Jesús, el Cristo, echan sobre sus espaldas el karma de los hombres y voluntariamente
aceptan el martirio o aparentemente mueren en las mazmorras de la Inquisición
como el Maestro Cagliostro.
La
justicia está más allá del bien y del mal. Cuando usted llegue a la luz sabrá
lo que es el amor, y cuando sepa lo que es el amor, sabrá amar y comprenderá
que amor consciente es ley. No vale hacer el bien sino saberlo hacer.
Karma es ley de compensación, no de venganza. Hay
quienes confunden a esta ley cósmica con el determinismo, y aún con el
fatalismo, al creer que todo lo que ocurre al hombre en la vida está
determinado inexorablemente de antemano. Es verdad que a los actos del hombre
los determinan la herencia, la educación y el medio, pero también el hombre
tiene libre albedrío y puede modificar sus actos, educar su carácter, formar
hábitos superiores, combatir debilidades, fortalecer virtudes, etc.
Los Maestros del Karma son jueces de conciencia que
viven en estado de Jinas. Ante ellos, el que tiene con que pagar, paga, y sale
bien librado en los negocios. Tenemos que hacer constantemente buenas obras
para que tengamos con qué pagar nuestras deudas de ésta y de vidas pasadas.
Todos los actos del hombre están regidos por leyes superiores unas, inferiores
otras. En el amor se resumen todas las leyes superiores. Por eso, hablando del
amor, dice el Maestro Pablo: "El amor es sufrido, bueno; no envidia, no se
ensancha, no injuria, no busca lo suyo, no se irrita, no se huelga de la
injusticia mas se huelga de la verdad; todo lo cree, todo lo espera, todo lo
soporta".
El jefe de los sacerdotes del Tribunal del Karma es el
gran Maestro Anubis. En ese tribunal solo reina el terror de amor y justicia.
En él existe un libro con su debe y haber para cada hombre donde se anotan
minuciosamente a diario sus buenas y malas acciones. Las buenas las representan
raras monedas que los maestros acumulan en beneficio de los hombres y mujeres
que las ejecutan. En ese tribunal también se encuentran abogados
defensores, pero todo se paga, nada se consigue regalado. El que tiene
buenas obras paga y sale bien librado en los negocios. Los Maestros del Karma
también conceden créditos a quienes los solicitan, pero estos créditos se pagan
con trabajos desinteresados e inspirados por amor hacia los que sufren.
"Que ames a Jehová tu Dios, que oigas su voz y te
allegues a Él, Él es tu vida y la longitud de tus días a fin de que habites
sobre la tierra que juró Jehová a tus padres Abraham, Isaac y Jacob, que había
de dar". La vida es un tablero de ajedrez en el cual cada acto nuestro es
una jugada. Si nuestras jugadas son buenas, inteligentes y oportunas, el
resultado será el éxito, salud y longevidad. Si, por el contrario, nuestras
jugadas son hechas de mala fe, egoístas e inoportunas, el resultado será el
fracaso, enfermedad y muerte.
"Que nadie se engañe a sí mismo; lo que el hombre
sembrare eso cosechará y sus obras lo seguirán".
Al ser llevados los iniciados al santuario secreto de
la doble Casa de la Vida para pesar sus corazones, donde son puestos en orden
de estaturas alrededor de la Gran Sala de la Verdad, sentados en cuclillas, los
esperan el gran sacerdote Anubis y sus 42 jueces asesores, todos con
máscaras en forma de cabezas de chacal o lobo emplumado, emblema de la verdad.
Vestido todo de blanco y lleno de terror el iniciado declara:
“Yo no he hecho
llorar a nadie, yo no he realizado hechos reprobables, yo no he practicado el
mal, yo no he hecho trabajar a los hombres más de lo debido; yo no he hecho
temer, yo no he afligido a las viudas, yo no he oprimido a los huérfanos; yo no
he hecho que el amo maltrate al criado; yo no he matado;
yo no he robado templos, yo no he robado sus objetos a los cadáveres;
yo no he dormido con mujer ajena; yo no he encarecido los comestibles;
yo no he alterado el fiel de las balanzas; yo no aparté la leche de la boca del niño; yo no he privado a los ganados de sus pastos; yo no he aprisionado a pájaros; yo no detuve el agua cuando debía correr; yo no he apagado la luz cuando debía alumbrar; yo no he puesto obstáculos en el camino de los hombres;
yo no he fornicado. Soy puro, soy puro, soy puro”.
yo no he robado templos, yo no he robado sus objetos a los cadáveres;
yo no he dormido con mujer ajena; yo no he encarecido los comestibles;
yo no he alterado el fiel de las balanzas; yo no aparté la leche de la boca del niño; yo no he privado a los ganados de sus pastos; yo no he aprisionado a pájaros; yo no detuve el agua cuando debía correr; yo no he apagado la luz cuando debía alumbrar; yo no he puesto obstáculos en el camino de los hombres;
yo no he fornicado. Soy puro, soy puro, soy puro”.
Cuando ofician como jueces, los Maestros del Karma
usan la máscara sagrada en forma de cabeza de chacal o lobo emplumado, y con
ella se presentan a los iniciados en los mundos internos. Esa es la crueldad de
la ley del amor.
Lo único que aprovechamos de nuestras encarnaciones es
el valor de la experiencia. Con la muerte de la personalidad, nuestros cuatro
cuerpos de pecado dejan de tiranizarnos y se someten humildemente a la voluntad
del Intimo o alma universal.
El "yo" no evoluciona, se va complicando en
cada encarnación. Muchos llaman a esto evolución. Los hombres sencillos de hace
milenios son los hombres complicados y difíciles de hoy. La evolución se
realiza en la conciencia del mineral cuando éste despierta en el vegetal, en el
vegetal cuando despierta en el animal, en el animal cuando despierta en el
hombre, etc. Cuando el "yo" muere totalmente en nosotros, nacemos en
el Absoluto. Pero antes, Satanás nos ofrece reinos y paraísos. Los que ceden se
convierten en cadáveres, en sus esclavos, y aplazan por muchas encarnaciones su
entrada en la dicha inefable del Absoluto.
Nadie, sino Cristo en el hombre, es el único que puede
perdonar pecados. El perdón sólo lo obtiene el pecador cuando hace conciencia
del pecado cometido y del propósito inquebrantable de no volver a pecar. Por
eso dice Salomón: "Con todo lo que obtengas, obtén
comprensión". Y la Biblia añade: "Dios no quiere que muera el
pecador, Dios quiere que viva para que se arrepienta".
Práctica
Desde hoy en adelante su conducta debe ser muy
cuidadosa para que en usted se exprese su Cristo interno. Sus pensamientos,
palabras y obras, sólo serán inspirados por la verdad, el amor y la justicia.
Practique diariamente la meditación, durante la misma vea que el fuego sagrado
del Espíritu Santo, que se desprendió de su médula espinal para poner en
movimiento al loto maravilloso de doce pétalos de su chakra cardíaco, se
desprende ahora hacia el no menos maravilloso loto de dieciséis pétalos de su
creador chakra laríngeo y lo pone en movimiento de izquierda a derecha;
concéntrese en él por más de media hora, ya sea después de levantarse por las
mañanas o antes de acostarse por las noches.
